CRÓNICA DE UN ADIÓS MAYÚSCULO A FIDELEMOY

                                          CRÓNICA DE UN ADIÓS MAYÚSCULO A FIDELEMOY

Hoy quiero rendir mi humilde homenaje al icono Fidelemoy, a través de la presente y breve crónica, casi tras superado el dolor de haber perdido a un gran amigo,.

Un día como hoy, día 12 pero no de noviembre, sino de septiembre de este mismo año 2019, fue cuando los últimos suspiros de nuestro visionario, poeta, cantante, bailarín, compositor (de cantos sacros y profanos); enérgico por la supervivencia de la lengua, tradiciones y culturas de su natal Ambô. Este hombre que fue conflictivo (cuando es punzado); el médium Fidelemoy Mágavi Menedjia, dejaba tejido sus últimos versos mudos en la tétrica SALA 1 y en la CAMA 1 del pabellón infeccioso del hospital regional de Malabo, siendo las cinco de la fría y lluviosa madrugada.

Tras el triste anuncio de la óbito del insigne hijo de Lodã, hecho que conmovió a más de uno, surgió el primer sinsabor: ¿Dónde se iba a celebrar los actos funerales? En vida, Fidelemoy no tenía mujer ni hijo alguno, tampoco tenía mucho filin con sus hermanos consanguíneos; tenía por costumbre decir: “Mi familia son mis amigos”. En definitiva, él no tenía familia más que los que con él, alguna vez ha compartido, mesa, copa, discusiones, reflexiones, inquietudes y risas; a esos, los tenía como familia, porque así quiso y fue. Eligió su propia familia, la gente que le soportaba, la gente que le entendía, gente que le aceptaba como era y no como quisieran algunos que fuera. En definitiva, fue una de esas personas que eligió en vida como hermana, quien se ofreció que los actos funerarios fueran a realizarse en su morada, se trata de la flamante cantante annobonesa Elvidêl.

Tras la difusión de la pérdida de ese eminente hijo de Lodã, empezaron a aflorar voces lamentando por su tránsito, y otras que elevaban su nombre hasta lo más alto de Santa Mina, Quioveo y Pikú Fôôgô, en honor a su memoria. Estrenó vuelo a través de WhatsApp el brillante poema de la primera poetisa y escritora annobonesa; el cual voló como polvo por varios grupos de whatsApp. Es un poema altamente melancólico pero revelador,completamente certero, cuando se detiene en la hondura del mismo. Y como testimonio, no me queda más que reproducirlo en esta crónica:

 

ADIÓ A LEMOY

 

Se nos ha ido un icono,

un pedazo de artista nos dejó,

en días de lluvia partió

para que también le llore la tierra.

 

Aquí entre los vivos

aqueste profeta que atónito

a todos dejaba;

aunque como se dijera,

profeta nadie es en su propia tierra.

 

un visionero nos dejó,

un diccionario andante,

poeta de rimas contadas,

bailarín singular de ritmos añejos

 

Y se ha ido, se ha ido como vivió,

mil y una batalla peleando,

se nos ha ido como se van los grandes,

otro Págalu nos ha dejado.

 

Quién pronosticará el Ambô 3000.

Quién con sus cantos la plaza de Palea alegrará;

quién a la masa juvenil movilizará,

a quién sus singulares notas heredarán.

 

Se nos ha ido un icono,

un pedazo de artista nos dejó,

un día de lluvia partió

para que también llore la tierra

                            (Adelaida OnduaCasaña)

 

Más tarde, aparecería otra elegía que clamaba la grandeza del finado, esta vez por Faceboock, y firmado con el seudónimo de San Dani. El poema apareció sin título, pero al leerlo detenidamente llegamos a la conclusión que le venía muy bien titularlo Cuando se va un gran hombre; título extraído del penúltimo verso del mismo. Esa grandeza que nadie puede discutir de la persona de Fidelemoy. Invito al lector que acaricie los versos siguientes y juzgue nuestra aserción.

 

CUANDO SE VA UN GRAN HOMBRE

 

Canta mi voz una melodía muda,

siente mi pecho un latido amargo.

Son palabras que en mí anidan,

un recuerdo que en mí no habita.

Siento desde lo profundo,

el vacío de un pueblo,

el partir de un sabio,

el llorar de un Ámbô. Mas mis musas,

hoy me inspiran una nueva poesía,

un nuevo canto lleno de encanto.

Me dicen mis musas:

escribiréis mil versos

y narraréis historias para aquel,

profecías d’Ambô.

Suenan las campanas hoy en Ambô;

suenan las voces hoy en Palea,

danzan las aguas y las arenas.

El eco sale del monte,

y la isla entera se conmociona.

Hoy, en Ámbô, un presagio se observa,

cuando se va un gran hombre,

la mar y el bosque tiemblan

                                                  (San Dani)

 

CRÓNICA DE UN ADIÓS MAYÚSCULO A FIDELEMOY

Parecía que Fidelemoy, veía desde años atrás la cercanía del fin de su peregrinación en esta tierra. Desde 2011 hasta los últimos momentos de su vida, fue confiando en sus personas de confianza, los trabajos que iba escribiendo, entre los afortunados, el autor de la presente crónica; de entre ellos, los más de 40 composiciones líricas, algunas canciones en a capela y algunos cuentos, leyenda y sentencias. 

 

Un velatorio memorable

Nunca había asistido a un velatorio tan altamente festivo, era la primera vez en mi vida. Cuando estaba en vida, como bromas, decía Fidelemoy que no le gustaría que la gente llorara por su partida cuando llegara el momento, y que en su velatorio, divirtiera la gente; cantando y bailando. Pues así fue. Llegado las 00:00 de media noche, llegaba el féretro del finado al hogar arriba señalado, se colocó en el patio, en frente de la casa. Desde la hora indicada, los coros eclesiales empezaron con cantos sacros; no faltaron tômbô Palea (el famoso ritmo juvenil Al vas kirikití); los miembro de su grupo, Ambô Dôs Mêlêdji, ese grupo creado por él a finales del siglo pasado, en el que revelaba sus profecías a través de sus canciones. Los componentes del grupo cantaron y bailaron con entrega. En aquella noche, me vio a la mente el proverbio d’ambô que reza: “ngê já txí kuzu na ja te jaf”. Creo que era la primera vez que dicha sentencia quedaba hueco; pues tanto en vida como después de ella, nuestro cantante y bailarín con su estilo propio, disfrutó de lo que era suyo, ritmo, canciones y bailes de Ambô Dôs Mêlêdji; no corrió la lánguida suerte del famoso Djoni Bôkôlô. Por otro la estaba el DJ Papí Ázá, que amenizaba la ceremonia con las canciones modernas creadas por nuestro eminente Fidelemoy. Y todos coreaban y bailaban dando vueltasa alrededor del féretro en el que estaba el cuerpo sin vida de nuestro queridísimo Fidelemoy. Festejo fue el velatorio duró hasta las seis de la mañana.

 

   Lo acontecido aquella velada noche, son de esos hechos que jamás se olvida. Fue maravilloso. En aquella noche de 17 a 18 de septiembre, no solo se cantó, se bailó y se coreó las canciones de Fidelemoy, también se convirtió en una noche de gala de recital poético. El joven Leví Bueriberi Brigol recitó el último poema que el finado compuso estando en el lecho del hospital, en los últimos tiempos de su vida; seguido de la intervención de la también profesora y escritora Trifonia Melibea Obono, junto con un grupo representante del colectivo LGTBI en Malabo, leyeron un manifiesto sobre la íntima vida del ya difunto. Terminada la presentación del colectivo, la poetisa Adelaida Ondua Casaña, recitó el poema que antes reproducimos; luego, una docena de jóvenes (hombres y mujeres) asistentes a la gran noche, recitaron más de una decena de las composiciones poéticas escritas por Fidelemoy cuando estaba en vida. No vendría mal subrayar que muchas de las canciones sacras que allí se cantó, han sido de igual modo compuestas por él.

 

Fidelemoy tuvo un misterioso nacimiento, vivió como sólo sabía, era algo hermético, y al final su óbito fue de esos hechos que causa tatas penas, porque pasará mucho, mucho tiempo para que Annobón volviera a tener otro Fidelemoy, como tanto tiempo transcurrido tras la pérdida del celebérrimo profeta annobonés Págalu, allá en el año 1883, tres años antes de la llegada de los claretianos a las tierras annobonesas. Esto no significa que después de él no hubo otros profetas, los hubo, aunque por desventura, sólo en la memoria del pueblo se conserva los nombres de muy pocos, como el nombre de la profetisa Bapú Matangela Tandêza, más conocida como Bapú Ndêza (era abuela de Mario Oliveira Andrew) y el Sr. Namné, padre de Bapú Namné y Zampúdul o Pekua.

 

Una de las curiosidades que el cronista ha constatado, es que, como es bien sabido, en esa época es plano período lluvioso, pero lo curioso, hasta el Cielo dio oportunidad para que la gente despidiera con todos los honores al finado. Durante la noche, se preocupaba la gente que iba a llover de un momento a otro, sin embargo, la providencia retuvo la amenazante lluvia, hasta después del sepelio, casi una vez regresados todos del Huerto del Señor, los ángeles desataron el bolso que retenía la lluvia, y calló un charón de buen gusto.

 

Bueno, a falta de espacio, no podemos continuar para abordar de sus profecías y otros aspectos de su vida, los trataremos en otro momento.

Buen viaje amigo Fidelemoy, ya nos veremos cuando sea el momento.

 

 

             (Nánãy-Menemôl Lêdjam)

 

 

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